Louis Kevin Celestin está de regreso con la continuación de su álbum de 2016, 99.9%, ganador del premio Polaris. En los años transcurridos, hemos visto cómo su producción –que explora tanto sus raíces haitianas como sus obsesiones juveniles con el hip-hop y el R&B– ha influenciado a muchos artistas pop y R&B que buscan diversidad. Y para cualquier productor que se encuentre rodeado de un sonido que ayudó a crear, la tentación podría ser encontrar un nuevo nicho. Afortunadamente, Celestin se ha resistido y, en cambio, nos ha regalado un disco que se basa en el legado de su predecesor, aunque dirigido de manera un poco más consciente a la pista de baile.
Al igual que con 99.9%, la alegre diversidad abunda: apenas has saludado los vibrantes bongos de Do it, y 2 The Music se desliza, un trozo de disco-funk confiado inundado de cuerdas de sintetizador y la magia del vocoder de Iman Omari. Luego tenemos a los grandes SiR y Mick Jenkins alternando: SiR en Go DJ, un himno de fiesta casera con un gancho extremadamente tonto pero terriblemente pegadizo ("The blunt still burnin', the clock still turnin', The waist keep windin' while her ass keep twerkin'..."), y Jenkins en Gray Area, que, con su percusión de ping-pong y sus potentes bajos, se presenta como la banda sonora del club de tus sueños.
En la mezcla y la melodía, Bubba está más cerca del house que de cualquier otra cosa, y Kay tiende a poner el bajo en primer plano. Sus arreglos, en consecuencia, son muy económicos. En 10%, rara vez hay más de tres instrumentos en el conjunto: una base impecable, las voces angelicales de Kali Uchis y esa línea de bajo. Pero con la más mínima inyección de teclados, Kay logra crear una pista que supera con creces la suma de sus partes. En otras partes, el brillante dancehall de Need It trasciende con un bucle sencillo, un bonito sintetizador de palomitas de maíz y una melodía principal espectacular de Masego. A lo largo del álbum, la fuerza de Kay reside en hacer mucho con muy poco. (Kitty Richardson, The Line of Best Fit)