Una postura desafiante a favor de la identidad negra contada a través de fragmentos difusos de soul psicodélico. El tercer álbum de estudio de Solange tardó mucho en hacerse, ya que no había lanzado uno desde 2008. Para 2016, el africanismo-americano había pasado por todo, desde el optimismo de la elección de Barack Obama, la ira de los disturbios de Ferguson, la crisis del agua de Flint, Michigan y el surgimiento del movimiento Black Lives Matter. Solange no rehúye nada de ello, articulando la experiencia colectiva de los afroamericanos en el nuevo milenio. Con la ayuda de Raphael Saadiq, Dev Hynes y la colaboración de Lil Wayne, Tweet y Kelly Rowland, el álbum es cálido pero de arreglos poco convencionales, con una fugaz familiaridad y una admiración que florece cuanto más profundizas.