Hay un fanatismo pop desquiciado en Weezer que hay que amar. El debut de Weezer, producido por el exlíder de The Cars, Ric Ocasek, combina las montañas rusas de guitarra de los Pixies con una pizca de armonías al estilo moptop de los Beatles. La producción de Ocasek y el sólido material de Weezer harán brillar un destello de reconocimiento en los ojos de cualquiera que recuerde los pegadizos ganchos melódicos de The Cars. Las canciones de Weezer son ventas de garaje geniales que desearías que ocurrieran todos los fines de semana.
Canciones como The World Turned and Left Me Here y Surf Wax America delatan el corazón de un chico que preferiría ir en patineta al trabajo todos los días que afrontar la responsabilidad de comprar un coche. El ingenio y la habilidad de Rivers Cuomo para escribir canciones son evidentes en In the Garage, donde resume la fascinación de su generación por la cultura pop kitsch.
Cuomo se burla fácilmente de los pósters de Kiss y de sus propias Stupid Words y Stupid Songs, pero más tarde, en Say it Ain't so, su auto-burla parece más una auto-protección. Después de una década de padres divorciados, Cuomo asume una infancia a la que no quería renunciar. "Querido papá, te escribo a pesar de años de silencio", admite, rogándole que Say it Ain't so. Weezer insufla vida al cadáver hinchado del rock de guitarra. Si tan solo se mantuvieran pequeños hasta que sus discos pop se gastaran, tal vez más bandas serían tan agradables como Weezer.