05/09/25
En su sensacional biografía de 1929, Tiger Woman, la bailarina y socialité Betty May afirmó que su "ojo de vendedora" significaba que le gustaba usar tantos colores como fuera posible. "Los colores para mí son como los hijos para una madre amorosa. Cada uno es mi favorito, pero nunca puedo negarme a los demás prefiriendo uno". La estrategia audaz e inclusiva de May es una que logra transferirse, casi un siglo después, a Hagen, el nuevo disco de Titanic.
Muchos conocerán a Titanic como la creación, con sede en la Ciudad de México, de la violonchelista y cantante Mabe Fratti y el multiinstrumentista Hector Tosta, quien ahora opera bajo el seudónimo I. la Católica (tomado, de forma bastante inusual, del nombre de la calle en la que vive la pareja). Con Hagen, y su lanzamiento anterior, Vidrio (2023), la pareja está creando un sonido distintivo en la música pop alternativa moderna. Nadie más suena como ellos. Ambos discos tienen una naturaleza de corazón abierto y melodías simples y cautivadoras que contrastan con un gusto por el drama, una orquestación espectacular y una sensación de misterio de otro mundo. Hagen es el esfuerzo más ambicioso, a veces más místico. Desde los aplausos iniciales de "Lágrima del Sol" (un maravilloso canto infantil alegre que se traduce como una lágrima del sol pero, seguramente, ¿no hace referencia a la marca de vino de piña?), el disco baila a través de varias inspiraciones de mediados a finales de los ochenta, pasajes exuberantes y panorámicos de melancolía y contrastes vertiginosos.